Jugador emblema del Zacatepec, “La Cira” Dávila estuvo en el Zacatepec desde el primer ascenso en la temporada 1950-1951 cuando le ganaron al Toluca por dos goles a cero el siete de mayo de 1950, hasta el último descenso de los Cañeros en el torneo 1984-1985, ocurrido el 19 de mayo, al perder contra Necaxa por un tanto a cero, en el primer caso como jugador y en el segundo como entrenador.

Fernando "La Cira" Dávila Roldán
Fernando “La Cira” Dávila Roldán


Campeón de liga en la temporada 1954-55 y 1957-58, Campeón de copa en 1957 y 1959 y campeón de campeones en 1958.
“La Cira’’ Dávila recuerda que nació un dos de junio en la Ciudad de México, pero no sabe en cual año, pues cuando era pequeño se quemó la humilde vivienda que habitaban en la colonia Santo Tomás en el Distrito Federal, siendo consumida en su totalidad por el fuego, desapareciendo su acta de nacimiento, por ello no puede precisar el año en que nació, aunque estima que fue en 1930.
El apodo de “La Cira’’ le viene de doña Cirila, la señora que lo cuidaba de pequeño mientras su madre Doña Vicentita Roldán trabajaba en la Nevería Vikin de la Ciudad de México. Hijo único y muy inquieto, doña Cirila le recomendó a la mamá de Fernando que lo internara en el Hospicio Nacional Infantil, ubicado en Tlalpan, cerca del Parque Asturias, por lo que desde pequeño asistía a los partidos de futbol celebrados en ese desaparecido inmueble en donde vio jugar a Isidro Lángara, al “Pirata” Fuente, al “Chavo” Urquiaga, el portero que había dejado el Barcelona para jugar en México, entre otros.
Vivió varios años en ese orfelinato, en el cual se formó. Considera que Dios siempre estuvo a su lado y le ayudó a ser un hombre de bien. En el internado cursó su instrucción Primaria.
Posteriormente ingresó a la Vocacional, en la cual formó parte del equipo de futbol, el cual competía en un torneo que se jugaba en el campo Vivanco, en ese entonces conoció a Manuel Osorno “El tribilín”, centro delantero del conjunto San Fernando, quien era el segundo a bordo del contratista que tenía a su cargo la construcción de una bodega en el Ingenio Emiliano Zapata de Zacatepec.
Un domingo Manuel Osorno lo invitó a visitar Zacatepec, debiéndole pedir permiso a su mamá para realizar el viaje al Ingenio. El autobús salió con retraso, llegaron primero a Cuernavaca y antes de llegar a Zacatepec le dio miedo al ver el puente de Apatlaco, que era de madera en ese entonces y se mecía como un columpio. Tenía 20 metros de largo y se le hizo eterno pasarlo. “Me agarré muy fuerte del pasamanos” nos comenta.
Al llegar a Zacatepec lo primero que vio fue el frontón, la cancha de beisbol y la alberca con sus trampolines, ubicada a un lado del campo de futbol, el cual estaba cercado por un alambrado y tenía una pequeña tribuna. Nunca imaginó que iba a ser el escenario de las grandes hazañas y momentos tristes de los Cañeros. Le gustó mucho la población por las instalaciones deportivas que tenía, ya que contaba con cancha de basquetbol, frontón, campo de beisbol y una plaza de toros.
Al bajar del autobús se llevó un gran susto, pues venía entre los pasajeros un hombre que traía un machete atado a la cintura, paliacate y sombrero veracruzano, acompañado de tres o cuatro mozos, que semejaban una pandilla. Los dejó pasar por un lado, le impresionó mucho su presencia, posteriormente supo que se trataba del “Viejo Solano’’, cañero de la localidad.
Después del ajetreado viaje se fueron a descansar a una galera, en la cual había siete u ocho catres de tijera, en los que dormían los trabajadores que estaban al mando de su amigo Manuel Osorno. Posteriormente fueron a conocer las instalaciones del Ingenio y al término del recorrido asistieron a un partido de futbol, en ese entonces se jugaba a las cuatro de la tarde.
Zacatepec lo dejó impresionado y le gustó para quedarse a vivir. A su regreso a la Ciudad de México comentó a su mamá que le habían ofrecido trabajo en el Ingenio Emiliano Zapata y estaba entusiasmado con la propuesta. Con el consentimiento de su madre se fue a trabajar a la Selva Cañera, tenía en ese entonces 16 ó 17 años.
Manuel Osorno era muy conocido en el Ingenio y de inmediato integró a Fernando “La Cira’’ Dávila al Club Deportivo Zacatepec, que en ese entonces participaba en una Liga Amateur del Estado de Morelos y era dirigido por Gabriel Díaz Garcilazo, quien era primo de Horacio Casarín.
Con el patrocinio del Ingenio el Zacatepec ingresó a la Segunda División, de la cual fue fundador y primer campeón, logrando el ascenso al mando de don Ignacio Trelles. Ningún equipo ha tenido un debut tan exitoso en Primera División como el de los Cañeros, que derrotaron al Veracruz por ocho tantos a cero el 29 de julio de 1951 en el Estadio Agustín “Coruco’’ Díaz.
Fernando “La Cira’’ Dávila fue el primer medio de contención del futbol mexicano, tarea que le encomendó el técnico Ignacio Trelles, creador de esta posición. “El Viejo Zorro’’ le ordenaba que durante los partidos marcara al mejor jugador del equipo contrario, misión que cumplió durante 15 años en el Zacatepec. “Al único jugador que nunca pude quitarle la pelota, fue a Sabás Ponce del Guadalajara, era muy bueno, siempre jugaba de primera intención y no me permitía llegarle, de inmediato se deshacía del balón, yo le decía, quédate con la pelota, pero no me hacía caso”.
Recuerda Fernando que en un partido contra el Oro de Guadalajara en el desaparecido Estadio Oblatos de Guadalajara, don Ignacio Trelles le ordenó que hiciera una marca personal especial sobre el habilidoso brasileño Luis Juracy, al cual anuló por completo y terminó Juracy por replegarse, siendo éste uno de los mejores partidos de Dávila, así lo consideró su técnico Ignacio Trelles. Aunque “La Cira” terminó muy enojado pues comenta que Juracy, al verse imposibilitado por “La Cira”, se fue a platicar con su portero, dejando de participar en el juego, así como su marcador “La Cira”, que lo único que quería era seguir cerca de la jugada.
Ese enorme rendimiento lo llevó a ser seleccionado nacional, junto con José “El Bigotón” Vela, fueron llamados varias veces a la selección mexicana.
A “La Cira” nunca le gustó jugar el balón con la cabeza, pues de pequeño le dio un cabezazo al balón de carnaza, mojado, con arena, duro como una roca, y terminó muy mareado por el golpe. Desde entonces le huía a los cabezazos, sin embargo en un juego contra el Oro de Jalisco, entró a disputar un balón por alto contra Arenaza, y éste de pronto se agachó y nuevamente “La Cira” fue noqueado por el balón, al grado de que fue sacado del juego por Horacio Casarín y eso que en ese tiempo no existían los cambios.
Otra gran anécdota que nos comenta “La CIra” es durante la gira que Zacatepec hizo a Honduras, en 1955, su compañero “El Chatito” Ortíz, que ya había ido a Honduras, le platica que allá no había chiles, por lo que “La Cira” hizo un paquetito de chiles y se los llevó al viaje.En el aeropuerto, sus compañeros se empezaron a burlar por los chiles que llevaba, pero a la hora de la comida, todos le pedían un chilito, a lo que se negó por haberlo “cotorreado” antes.
Fernándo Dávila también fue muy conocido como “canica”, porque desde muy joven siempre tenía una canica en la boca, al principio era de piedra, pero después, como él mismo lo comenta “subí de categoría, ya jugaba en Primera División” así que la canica ahora tenía que ser de vidrio.
“La Cira” aunque fue un jugador muy duro, muy “entrón” como el mismo se define, era muy leal, solo tuvo una expulsión en toda su carrera, y fue porque jugando contra el Cruz Azul, El “Kalimán” Guzmán fue burlado por “el coruquito” Díaz, y el “Kalimán” le tiró una patada, “eso me dio mucho coraje y me agarré a golpes con el Kalimán y por eso me expulsaron.”
Al término de su vida como futbolista, Fernando se preparó como entrenador, trabajando con las fuerzas básicas del Zacatepec, hasta que tuvo la oportunidad de dirigir al primer equipo, en la temporada 1984-85, siendo el entrenador que cargó con la derrota en la liguilla por el no descenso contra los electricistas del Necaxa.

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